Posteado por: Josep Camós en: 01 06 08
Por fin ha vuelto Matías. Llevaba como quince días sin dar señales de vida, sin pasar por el coche. Entre que su abuela “estaba muy enferma”, que tenía “un montón de exámenes y trabajos que entregar”, que su hermana dio a luz “un sobrino al que, claro, tenía que visitar” y otro puñado de excusas más, hacía la tira de tiempo que no le veía el pelo.

- No habré perdido mucho, ¿verdad?
- Bueno – le sonrío -, ahora lo veremos.
Y sale Matías y cala el motor tres veces seguidas. Bueno, hasta cierto punto eso es normal, pero Matías se cabrea y me ignora mientras yo le digo que eso no importa.
Da igual lo que yo le cuente. Matías acaba de sufrir la crisis del calado reiterado y está en plena vorágine nerviosa. Mientras avanza por la calle, yo observo lo que realmente importa. Por el camino han caído dos cedas y un peatón, y a punto ha estado de caer un semáforo rojo como un tomate rojo. Matías se ha quedado más ciego que un gato de escayola.
- Joder – se mosquea -. Estoy que no doy una.
Y entonces le cuento a Matías algo que aunque es muy sencillo no siempre se tiene en cuenta. Cuando una persona aprende a conducir debe ser constante. De lo contrario puede pasar lo que le ocurre a Matías.
El aprendizaje de una actividad compleja como es la conducción funciona de la siguiente manera: el alumno aprende algo nuevo, lo repite y lo machaca de forma invariable durante un tiempo hasta que se transforma en una costumbre. A medida que sigue repitiéndose esa costumbre se automatiza y pasa a ser un hábito que sólo se perderá cuando se sustituya por otro hábito.
Pongamos un ejemplo tonto. Cuando el alumno sube al coche, encuentra los diferentes reglajes tal y como los ha dejado el alumno anterior. Por tanto, lo primero que hará será ajustarse el asiento, el respaldo, el reposacabezas, el volante, los retrovisores y el cinturón. Luego podrá emprender la marcha.
El aprendizaje de esta secuencia (asiento, respaldo, reposacabezas, volante, espejos, cinturón) se adquiere por pura repetición. Las primeras veces el alumno escucha al profesor dándole la lista de reglajes. Luego será el mismo alumno el que vaya citando, uno por uno, cada uno de los elementos que debe ajustar antes de partir. Habrá adquirido la costumbre de sentarse correctamente al volante. Algunas sesiones después, no hará falta que el alumno diga nada: se ajustará los reglajes de forma automática; habrá interiorizado la secuencia y habrá adquirido el hábito de hacerlo cada vez que sube al coche.
De la repetición se llega a la costumbre y de la costumbre se llega al hábito.
Pero, ¿qué ocurre cuando se interrumpe el proceso? Que se rompe la cadena y el aprendizaje falla. Conclusión: Matías está que no da ni una. Demasiado tierno como para haber interrumpido su proceso de aprendizaje.
- Ah – contesta Matías -. Entonces hubiera sido mejor no haberme ido de viaje con mi novia, ¿verdad?
- Tú mismo, Matías. Tú mismo. Ojo, que te comes otro semáforo.
01 06 08 a 18:54
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